diumenge, 11 de gener del 2009

Raons per al ressentiment

El nombre de greuges que nodreixen el ressentiment palestí és infinit: ocupació israeliana de les millors terres, impossibilitat d’accés a l’aigua, desallotjaments forçosos, amuntegament als camps de refugiats —la Franja de Gaza té la densitat de població més elevada del món—, assentaments il·legals jueus, construcció d’un mur de separació a terres àrabs, incompliment de les resolucions de Nacions Unides, bloqueig polític i econòmic, negativa jueva al retorn dels exiliats, humiliacions, discriminació... Tots aquests elements han propiciat el protagonisme de grups radicals com Hamàs, moviment impulsat a finals dels vuitanta pel Shabak (el servei de seguretat general israelià) per a fer-li la guitza a l’OLP de Yasir Arafat. Com sol passar en aquests casos, a Israel li sortí el tir per la culata. Aconseguí minar l’autoritat i el prestigi del desaparegut líder palestí, considerat pels jueus un assassí i un terrorista acarnissat, però la nova criatura se li anà de les mans. En comptes d’un grup oponent, passà a tenir-ne dos: Fatah i Hamàs. Els membres del segon, partidaris d’imposar la Sharî’a, van desplegar, d’acord amb l’estratègia seguida per altres confessions —la catòlica, per exemple—, una gran activitat assistencial subvencionada per empresaris i xeics petrolers, i per països com Iran, Aràbia Saudita i Síria. I clar, donades les duríssimes privacions que patia la població palestina, les escoles, els hospitals i els subsidis de Hamàs esdevingueren aviat una ajuda imprescindible per a molta gent. El prestigi guanyat amb la tasca assistencial afavorí el triomf del moviment integrista a les eleccions municipals i legislatives convocades als territoris de l’Autoritat Nacional Palestina el 2005 i el 2006. En resum: com més augmenten les penalitats i la ràbia palestines, més augmenta el suport al moviment islamita. No s’albira, per tant, una sortida fàcil al conflicte. De fet, tant el govern israelià com Hamàs, sabedors que mai no veuran la victòria total o la derrota absoluta de l’adversari, aspiren només a situar-se en una posició com més avantatjosa millor de cara a una nova treva o a un hipotètic procés negociador. Això per no citar els càlculs electorals en què està immers ara mateix el govern israelià. I mentre, continua la tragèdia de les víctimes innocents.

2 comentaris:

Carlos V ha dit...

Lenguaje perverso

Rabia, vergüenza, indignante… son palabras que me vienen a la mente al ver las imágenes del conflicto entre Israel y Palestina. Sentimientos contradictorios pues siempre he tenido especial consideración con el pueblo judío por las reiteradas injusticias sufridas desde tiempos inmemoriales. En toda época y civilización los exiliados judíos han sido el chivo expiatorio sobre el que recaían matanzas, represiones y persecuciones. Con los ejemplos de la expulsión por parte de los Reyes Católicos y el Holocausto sobran.
Y por ello me resulta complicado y difícil de asumir su actitud ante los bombardeos indiscriminados sobre un pueblo palestino que lleva décadas en una decadencia progresiva desde la creación del Estado de Israel.
Según un amigo que reside en EEUU, la prensa y los políticos europeos (sobre todo la izquierda) es pro-palestina. Lleva bastante razón en ello, pero no es menos apuntar que los estadounidenses (los gobiernos, no sus habitantes) son pro-israelíes gracias a la influencia del lobby judío.
A lo largo de la Historia los judíos siempre anhelaron el fin de la diáspora y la vuelta a su tierra. La comunidad internacional y en mayor medida los palestinos, deben ser conscientes que Israel nunca perderá una guerra. No lo puede permitir más que nada porque la derrota supondría su desaparición como estado. Eso, gracias a la “cortesía” de poseer armas nucleares parece ser que no es muy probable.
Que se acaben las matanzas de civiles palestinos por bombardeos indiscriminados y el fin del lanzamiento de misiles de Hamás sobre Israel sería la solución, pero se trataría de algo momentáneo, pues ni los milicianos podrían sobrevivir en Gaza sin camuflarse entre la población civil ni los radicales palestinos piensan darse por vencidos con sus ataques terroristas a Israel.
Israel no quiere aniquilar Palestina. O al menos no lo quiere aún. No es por causas humanitarias ni nada similar. Sencillamente, le conviene tener una masa domesticada de “borregos” serviles con los que suministrar de mano de obra barata sus industrias. Cientos de miles de palestinos hacinados entre muros de hormigón sin ningún otro futuro que el exilio.
Los palestinos son incapaces de ver más allá de la venganza (bien alimentada por Israel con sus matanzas) y ser conscientes que su papel en esta lucha es el de derrotado. Son un títere en manos de un Estado judío que apoya a Hamás o Al-Fatah según le conviene para que continúe eternamente la guerra civil palestina. No vale la pena morir de pie como decía el Che Guevara; o se resignan a vivir arrodillados o Palestina desaparecerá. Con la venia de los ineficientes organismos internacionales.
La desproporción de muertos entre un bando y el otro (en el momento de escribir esto, 5 o 6 soldados israelíes por unos 700 palestinos, un centenar de niños incluido) deja la ley del Talión en simple anécdota. Que Israel recurra al término “en defensa propia” no es sino caer en lo más vil. Otra perversión del lenguaje como daños colaterales, “fuego amigo” o sencillamente, Ministerio de Defensa.

Carlos V ha dit...

LENGUAJE PERVERSO II
Siguiendo un apunte del escritor Richard Kapuscinksi, hasta la I Guerra Mundial los conflictos bélicos, a pesar de las salvajadas cometidas por todo ejército combatiente, se caracterizaban por ser las víctimas mayoritariamente civiles. Desde entonces las masacres son el pan nuestro de cada día. Basta ojear cualquier noticiario o periódico para acabar uno empapado de sangre.
Esta es la segunda parte de un artículo que trata de un tema que nunca finalizará. Cuando estas líneas lleguen a su fin, el conflicto árabe-israelí se habrá cobrado un par de víctimas más, decenas de mutilados y una buena ración más de cizaña y odio.
En Israel y Palestina no existe ni el blanco ni el negro. La paleta de grises es tan amplia que ni el cuadro por antonomasia sobre los desastres de la guerra, el Guernika, serviría para abarcar de qué estamos hablando; se queda corto (y mucho) a la hora de explicar los matices de la guerra palestino-israelí.
No hay ni buenos ni malos. Todos son víctimas y culpables al tiempo. Si uno ataca los desmanes del ejército judío, entonces se le tilda de anti-semita. Si se solidariza con el dolor del pueblo palestino, la cosa deriva en que se acaba justificando el terrorismo de Hamás.
Israel y Palestina son dos sociedades en que los sectores más ultramontanos y recalcitrantes tienen condicionado el futuro respectivo de las mismas. Un futuro que quieren paralelo pero que se entrecruza el uno con el otro al igual que lo hacen los hilos de una tela.
Los ultra-ortodoxos israelíes con su postura de crear asentamientos en medio de poblaciones palestinas, cometiendo desmanes sobre la población civil que dejan en aprendices a los nazis de la Noche de los Cristales Rotos. Eso sí, amparados por unas tropas militares en las que ellos no sirven por estar dedicados a la lectura de textos religiosos (¿qué leerán señor mío?)
Han conseguido inocular al resto de la sociedad israelí el virus de la indiferencia ante los cadáveres de niños, ancianos y mujeres… Les da igual 800 que dos muertos palestinos. Israel no se detendrá porque se ha llegado a un escenario en que los palestinos son considerados como “no personas”.
Las milicias de Al Fatah y Hamás, en vez de dedicarse a seguir con su red de ayudas sociales y mejorar las infraestructuras, prefieren invertir su exiguo presupuesto en fabricar misiles. Y los lanzan sobre pueblos israelíes, no sobre objetivos militares. Además de los pobres ignorantes a los que, promesa de no sé cuántas vírgenes paradisíacas incluida, convencen para hacerse explotar en medio de gentes tan inocentes como sus familiares muertos por las bombas de racimo o fósforo blanco.
Un futuro oscuro que en el que la esperanza para la paz pasaría por hacerse a la idea de que no existe ni raza ni religión ni pueblo elegido. Como canta Jorge Drexler, “yo soy un moro judío, que vive entre los cristianos…”
Charlifuster.blogspot.com